jueves, 20 de mayo de 2010

Capítulo siete.

Noah se pasó toda la tarde del domingo en las ferias de atracción en atracción con su hermana, Rebecca, y su madre, Christine.
Noah no dejo de pensar en Luis. Se había enamorado, pero tenía miedo de que si seguía adelante se involucrara más y luego la hiciera daño. Ella sabía lo que era sufrir por amor, odiaba la rabia que la controlaba, odiaba esa sensación, por eso no quería volver a vivirla. Si, tenía que reconocerlo, Noah ya no lo pasaba tan mal cuando Nicholas la hacía daño pero es que para ella ya era algo rutinario.


El sol empezó a entrar por la ventaba del cuarto de Noah y en ese momento sonó la alarma del móvil.
- Las siete, al instituto. – Su madre levantó la persiana y la quito la manta.
- No quiero ir … - Noah se volvió a tapar pero esta vez hasta la cabeza.
- No seas perezosa. Levántate.
Cuando Noah se acordó de Luis salió de un brinco de la cama. Se puso las zapatillas y fue a la cocina para desayunar. Se tomo un café con leche, eso la mantenía despierta en clase aunque prefería el cola-cao de toda la vida.
Cuando se lavó los dientes y la cara se hizo dos trenzas, en verano la gustaba llevar el pelo recogido.
Sin despeinarse, Noah se puso una minifalda vaquera que la habían regalado sus amigas por su cumple y una camiseta de hombro caído. No tenía ganas de rebuscar en el armario asique cogió las All Stars negras que había dejado la noche anterior a los pies de su cama, se las puso y cogió su mochila. Noah siempre preparaba la mochila antes de irse a la cama, justo después de echar una ojeada a su correo.
- Mama, papa, me voy.
- ¿Puedes dejar a tu hermana de camino?
- Pero mama …
- Venga, por favor. Te prometo que hoy será el último día.
- Vale. Venga Rebecca, que te llevo. – Noah agarró a su hermana de la mano.
- Adiós, os queremos. – Dijeron las dos niñas a la vez mientras salían por la puerta.

En apenas diez minutos Noah había dejado a su hermana en el colegio, y cinco minutos después llegó al instituto. Cuando cruzó la puerta una sensación de miedo se apoderó de ella. Nunca la había pasado, pero al pensar que Luis estaría allí la ponía nerviosa. Las mariposas revoloteaban a sus anchas en su estomago.

- Buenos días. – Dijo Noah a sus compañeros cuando entró en clase.
- Buenos días Noah. – Nika la abrazó. – Creo que tenemos que hablar.
Noah se dio cuenta de que en la puerta de su clase había un chico esperando y oyó su nombre.
Noah dejo la mochila en el suelo y se quito la chaqueta; fue corriendo a la puerta.
- Chicos dejarle. Viene a buscarme a mí.
- ¿A quién si no? Ya sabes que no me junto con críos de tercero.
- Ja.Ja. Que gracioso el fumata de bachillerato.
- No fumo.
- No que va, ¿entonces ayer que hiciste?
- Tomarme un Frapuccino en el Starbucks, y pasar la tarde entera contigo.
- Uhhhhh. Aquí hay rollo. – Los chicos de la clase de Noah los miraron y se empezaron a reír.
- Sois estúpidos, además de cotillas. – Noah agarró la mano de Luis. – Ven, aquí no podrán oírnos y decir tonterías.
Noah lo último lo dijo con un tomo de voz más elevado, para que pudieran oírla mientras se alejaban por el fondo del pasillo.
- Aquí. – Noah le había llevado hasta las escaleras finales, allí no iba nadie. Solo ella y sus amigas.
- Conoces el instituto mejor que yo.
- Es lo que tiene no salir a la hora del patio por ser de tercero. O que no te dejen ir a la cafetería, o cosas así.
- Ay, que pequeñita es mi niña.
- Si si, te has liado con una cría. Pederasta.
- Pues bien que te gusta, por cierto … Ya veo que no quieres que se enteren de lo que paso, pero la marca de tu cuello te va a traer problemas …
- Mierda. No me acordaba, cuando me he peinado no me he fijado. Soy tonta. – Noah se quito las trenzas y se pasó el pelo a los lados intentando tapar el chupetón que tenia. – ¿Así se ve?
- No tranquila.
- Eres tonto.
- ¿Por qué? Ahora no he hecho nada.
- Pues si que has hecho, hacer que tenga que llevar al pelo suelto.
- Por mi no lo lleves suelto, así tengo más posibilidades de hacerte otro.
- Ya, el problema es que cuantos más tenga más posibilidades tengo de que los vean.
- Vale, vale. Ya no te hare mas.
- Sigues siendo tonto.
- ¿Ahora qué he hecho? ¿Te he dejado un moratón en algún lado?
- No. No me has dado mi beso de buenos días. ¿Cómo quieres que estudie si no me das mi beso?
- Niña caprichosa.
- No sabes tú cuanto.
- Entonces te daré tu capricho. – Luis se acercó a Noah, la acarició sus labios y la besó.
- Ejem, ejem. Buenos días tortolitos. – Nicholas se apoyó en la pared.
- Me voy Luis. Luego hablamos.
- No, no. Tú no te vas a ningún sitio. – Luis la cogió de la mano.
- Luis … por favor. Déjame ir.
- No, porque venga este a joder tú no te vas a ir.
- Eh, me llamo Nicholas. Soy su novio.
- No. Eso es mentira, eres un cabrón que me hizo daño, no me novio.
- Pero lo fui.
- Pero ya no, las cosas cambian. Date cuenta. No me hacías caso y resulta que ahora si me haces caso, ¿no? Casualidad que sea cuando estoy feliz con un chico. Lo de joderme la vida siempre que soy feliz te mola, ¿cierto?
- Di lo que quieras.
- Déjame en paz, vete con Paula. Y tíratela.
- Un momento, ¿tú no eres el chico que el otro día me empujo por el pasillo?. – Luis miró de mala manera a Nicholas.
- Si, fui yo. ¿Y?
- Con razón Noah me ha dicho que eres un cabrón. Noah, vámonos. – Luis tiró de Noah y empezaron a andar.

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