lunes, 17 de mayo de 2010

Capítulo uno.

Era de noche.
Noah llevaba el pelo liso con tirabuzones, cuando lo llevaba así le llegaba un palmo por debajo de los hombros. Normalmente, el flequillo la caía en sus ojos azules, grandes y perfectos, que según su estado de ánimo cambiaban del azul verdoso al agua marina, del azul al grisáceo. El pintalabios rojo relucía sobre sus perfectos labios, unos labios carnosos.
Esa noche vestía muy elegante. Era su quince cumpleaños.
Llevaba un vestido rojo y negro que le llegaba por encima de las rodillas. Lo conjuntaba con un cinturón ancho en su cintura y unos zapatos de tacón negros que le cubrían los tobillos.
Las medias transparentes dejaban ver ligeramente sus finas y delgadas piernas. El cinturón la marcaba la cintura y hacia relucir sus curvas perfectas, 90,60, 90.

Sus amigas, Marie, Nika y Sarah, estaban a su lado, apoyadas en la barra del bar. Marie llevaba una minifalda con una camiseta y botines; el pelo lo llevaba recogido en una cola de caballo. Nika llevaba unos shorts y una camiseta palabra de honor, acompañada de unas botas negras. Sarah llevaba unas sandalias de cuña con un vestido de verano. Ambas llevaban el pelo suelto en media melena.

A pesar de que Noah ya tenía quince años se sentía igual. Enamorada de un chico que la hacía daño.
No era la típica chica que llama la atención, o que es popular, junto con el resto de sus amigas pasaban desapercibidas. Era el típico grupo que no se clasificaba ni en las animadoras, ni en las populares, ni en las niñas de papa. Eran ellas, sin más.

Los padres de Noah habían accedido a dejarla ir a una discoteca con sus amigas. Noah pensaba que las verdaderas razones eran que confiaban en ella. No había ni alcohol, ni tabaco e iba con sus amigas de toda la vida. No le podía pasar nada malo.

Meses antes la habían visto llorar y llorar por un chico, por lo que Paul y Christine decidieron darla libertad para que se divirtiese, y lo habían conseguido.

Noah charlaba alegremente con Nika mientras tomaba una coca-cola. Estaba tranquilamente bailando, como si no pudiera dejar de hacerlo.
Sin darse cuenta se quedo sola, sus amigas se habían ido a la planta de arriba para retocarse en el baño.
Noah decidió subir a la azotea para ver la noche y salir de aquel lugar tan cargado. Mientras subía las escaleras varios chicos las silbaron:
- Guapa.
- Lo que te haría yo a ti nena.
- Estas para varios polvos.
Estaba acostumbrada por lo que pasaba de ellos, pero no soportaba que la tocasen sin su permiso.
Un chico, de unos diecisiete años, la toco el culo cuando la estaba silbando. Noah se dio la vuelta y le dio un tortazo en toda la cara. Ella acabo con la mano roja, pero el acabo con la marca de la mano en su cara.

Llego a la terraza, y se sentó en un sofá negro de terciopelo. Dejo la coca-cola en una mesita de madera que había cerca y se puso a mirar las estrellas. Paso así quince minutos, ella ni se dio cuenta.
Sus amigas subieron a buscarla para que bajase abajo para bailotear un poco más y para beber algo, pero Noah decidió quedarse arriba un poco más.

Era la primera vez que iba a una discoteca pero tanto alboroto la hacía marearse y quería pasar un rato más tranquila.
Todo el mundo se fue abajo porque empezaba la fiesta que había esa noche.
En cierta parte agradecía que todos se fueran, quería centrarse en sus pensamientos.

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