Noah se despertó a las diez de la mañana. Salió de la cama y llamo en voz baja a Luis.
De repente Luis asomó la cabeza por el marco de la puerta y entró en la habitación.
- Ya se ha despertado la bella durmiente.
- Buenos días. – Noah se frotó con fuerza los ojos.
- ¿Qué quieres de desayunar?
- ¿También me vas a dar de desayunar?
- Aquí damos la pensión completa.
- ¿Qué me das de desayunar?
- Pues ahí tostadas, croissants, galletas, panes con chocolate y café o cola-cao.
- ¿Puedo elegir?
- Claro que sí.
- Pues quiero una tostada y cola-cao.
- Ahora te lo traigo.
- ¿No puedo salir yo fuera?
- Esta mi familia …
- Ah, vale. Entonces me quedo aquí.
- Si quieres sal, pero te van a someter a un interrogatorio.
- Lo de las preguntas es de familia, ¿no?
- Si, ya te has dado cuenta de algo más.
- Una cosa Luis …
- ¿Qué quieres?
- Me llamo Noah.
- ¡Me has dicho tu nombre!
- Si. Ya sabes que soy Noah y que tengo quince años.
- Me ha costado. Pero, ¿por qué me lo has dicho?
- Porque creo que después de dormir en tu casa hay confianza para decirte mi nombre, además eres amigo de mi primo y se lo terminarías preguntando a él.
- ¿Cómo sabes que haría eso?
- Tengo quince años, pero no soy tonta.
- Ya se ve. Bueno, encima de la cama tienes ropa limpia. Tranquila, no tienes que devolverla.
- ¿Te pones ropa de chica?
- ¿Qué dices?
- Pues que es raro que tengas ropa de chica cuando eres chico.
- Es de mi hermana, tiene un año menos que tu pero te vale.
- ¿Seguro?
- Tranquila, no harás el ridículo.
- Gracias por el comentario. Ahora no voy a salir fuera.
- No seas tonta. Te preguntaran tu nombre, que haces en tu vida, si eres mi novia, cosas así.
- Vale. Si no te importa me gusta vestirme sola.
- Ah vale.
Luis salió de la habitación y Noah cerró la puerta.
Encima de la cama había unos shorts vaqueros, una camiseta de tirantes y una chaqueta. Noah se puso los shorts y la camiseta; sacó de su bolso la chaqueta y los zapatos de la otra noche. A Noah le apasionaban los zapatos de tacón pero siempre llevaba unas bailarinas negras en el bolso por si acaso no llegaba con pies a casa.
Se recogió el pelo en una coleta, se quito el flequillo de la cara con una horquilla y salió fuera.
Luis estaba al lado de la puerta, la cogió de la mano y la guió hasta el salón.
- Buenos días. – Dijeron todos a la vez.
- Buenos días. ¿Qué tal están? – Noah se sentó en la silla que Luis había retirado. – Gracias.
- Bien, ¿y los tu preciosa? – La madre era rubia, de ojos azules. Simpática.
- Con dolor de cabeza, pero bien. Gracias por todo. No quiero ser molestia asique desayuno rápido y me voy a mi casa.
- ¿Y quién te va a llevar? – Luis puso cara malvada.
- Pues llamare a mi primo.
- Manuel esta en Ciudad Real.
- A Manuel no, a otro primo que tú no conoces, o eso espero.
- ¿Cómo se llama?
- Alberto. Tiene los mismos años que Manuel.
- No me suena, pero ya me le presentaras.
- Ni en broma.
- Ejem. Parejita, dejar de discutir. – Dijo el niño que llevaba el pelo con una pequeña cresta.
- ¿Y tú eres?
- Daniel. Su hermano pequeño.
- No. Es mi peor pesadilla. – Dijo Luis mirándole de forma divertida.
- Yo soy Luan, la madre de Luis. Este es mi esposo Fredi, y esta es nuestra hija Samantah, y bueno, ya conoces a Luis y a Daniel. Encantados.
- El placer es mío. Han sido muy amables conmigo.
- No te preocupes, Luis nos lo explico cuando llegasteis. No suele traer chicas a casa, y vimos que parecías una chica simpática. – El padre se mostró cercano con Noah.
- Por cierto, mañana te traigo tu ropa.
- Te la puedes quedar, ya no me gusta.
- Pues a mí los pantalones me encantan.
- Puedes quedártelos, a nadie le importa que te los quedes.
- ¿Segura?
- Claro que si, te sientan genial. Tienes un cuerpo bonito.
- Demasiado sabes tú para ser tan pequeña.
- Eh, solo me sacas un año.
- Vale, ya cierro la boca.
- Bueno, ¿cómo se llama tu amiga Luis? – El padre miró a Luis y de reojo miró a Noah.
- Me llamo Noah.
- Bonito nombre. – La madre la sonrió.
- ¿De dónde eres?. – Noah no se enteraba de quien preguntaba.
- Soy de Madrid. He vivido aquí durante mis quince años.
- Que bien. Y, ¿qué haces en tu tiempo libre?
- Me voy con mis amigas a los parques.
- ¿Bebes?
- Como cualquier humano. Si no bebo me muero.
- Me refiero a beber alcohol.
- Lo justo, no me gusta mucho eso de los botellones. No me va el ambiente.
- ¿Fumas?
- No. Me lo han ofrecido pero no es algo que me llame la atención, es joderse la vida.
- Luis, me gusta la forma de pensar de esta chica. Buena novia.
- No soy su novia, no tengo novio ni quiero.
- Pues eres muy guapa.
- Gracias. – Noah se sonrojo.
- Bueno, aquí acaba el interrogatorio. A la pobre la vais a sacar los colores. – Luis se levanto de la mesa y recogió su plato junto con el de Noah. – Ven conmigo a la cocina, Noah.
- Voy. – Se levantó de la mesa y le siguió. – Encantada de haber hablado con ustedes.
Noah se apoyo en la encimera de la cocina y Luis cerró la puerta. Cogió a Noah por la cintura y la pego lo más que puedo a él.
- Gracias por darme un lugar donde dormir. Y bueno, el desayuno estaba rico.
- No has probado bocado.
- Lose, pero tiene buena pinta.
- Lo que tiene buena pinta son tus labios.
- Ey, quieto.
- Noah me gustas.
- Por favor, suéltame.
- Vale. – Luis la soltó y recogió los platos de la encimera.
- Oye, ¿has visto mi móvil? Lo deje en la mesita de noche que está al lado de la cama y no lo encuentro.
- Ah sí, toma. – Sacó el móvil del bolsillo derecho de sus vaqueros.
- Tiene batería.
- Si, lo cogí anoche y lo puse a cargar.
- Gracias.
- De nada. Oye, no hace falta que llames a tu primo. Te puedo acercar yo.
- No hace falta, ya he molestado bastante, ¿no crees?
- No, yo te llevo, ¿va?
- Vale. Te espero en la puerta del portal, ¿ok?
- No tardo, recojo esto y bajo.
- Sin prisas. – Noah abrió la puerta y salió al comedor. – Yo ya me voy. Encantada.
- Hasta otra Noah.
Noah cogió su bolso y salió fuera. Bajó en el ascensor, mientras estaba en el ascensor se pinto los labios y se hizo mejor la coleta. Cuando llegó al bajo ella salió del ascensor y se sentó en el escalón del portal.
Habían pasados diez minutos, entonces Luis salió por la puerta y la cogió la mano.
- Vamos levanta. Parece que hubieras estado trece horas corriendo con tacones.
- Parecido.
Noah le agarró fuerte de la mano y se levantó. Se sacudió el pantalón y camino al lado de Luis cogida de su mano.
- ¿Qué pasara cuando llegues a tu casa?
- Pues nada, mis padres se piensan que estoy en casa de Marie.
- No me refería a eso. Me refería a si nos volveremos a ver.
- Eres el amigo de mi primo, ¿no?
- Si, ¿por?
- Ya tienes una manera de saber de mí. Mi móvil, mi instituto, todas esas cosas.
- ¿Por qué tanto empeño en no decirme cosas sobre ti?
- Porque dijiste que nada de preguntas, asique nada de respuestas.
- Eres manipuladora.
- Puede.
Cuando llegaron a donde estaba la moto Noah le cogió las dos manos.
- No soy así contigo por gusto. Nicholas me hizo daño, es mi ex y tuve problemas con él. Me enamoré demasiado de él y lo pase mal porque me engaño varias veces. Aun le quiero, pero casi ni hablamos, sobre todo por mi parte. Me dejo como la mala porque le besé y él sigue loco por una chica manipuladora, la cual junto a su amiga Mónica me odian y me hacen la vida imposible.
- Algo me contó tu primo, pero no preste mucha atención porque aun no te conocía, pero gracias por contármelo.
- No, gracias a ti por aguantarme cuando he sido una borde, tonta, estúpida y lo peor que puedas pensar, contigo.
- La culpa no es tuya, es de ese cabrón. Y tranquila, que no diré nada.
- Gracias.
- Bueno, sube a la moto.
- Una cosa, ¿podrías dejarme en casa de mi amiga?
- Claro.
- Otra vez, gracias.
- No de las gracias.
Noah subió a la moto y se agarró más fuerte de lo necesario a Luis. Los dos iban con los cascos pesando en sus cosas.
Noah pensaba en lo a gusto que estaba con Luis. Era como si hiciera que todo mal se le fuera. Le gustaba ese chico.
- Gira a la derecha.
- ¿Estás segura de que es por ahí?
- Tú gira.
- Vale.
- ¿Ves aquel coche amarillo?
- Si. ¿Qué pasa con él?
- Aparca ahí.
- No tengo ni idea de donde me llevas, pero yo te hago caso.
- Genial.
- Ya está. La casa de tu amiga.
- No es la casa de mi amiga, es mi casa. Espera un momento, ¿vale?
- ¿Dónde vas?
- Tu espérame aquí, por favor.
Noah bajo de la moto, se quito el casco y saco las llaves del bolso. Abrió la puerta del portal y entró. Cuando subió a su casa entró en su cuarto y dejo todos los trastos.
- Buenos días mama. – Noah la dio un beso en la mejilla.
- ¿Dónde has estado?
- Luego te lo explico, ¿vale?
- Jovencita.
- Mama tranquila, no he hecho nada malo, ningún delito.
- Eso espero. ¿Ahora dónde vas?
- He subido para coger dinero, me voy con un amigo a tomar unos churros.
- ¿Qué amigo?
- No le conoces, pero conoce al primo Manu.
- Eso ayuda.
- Mama me voy. Dile a papa y a Rebecca que les quiero. Adiós.
Noah salió disparada por la puerta. Llevaba veinte euros en el bolsillo trasero de los shorts y se había quitado la coleta.
Cuando llevo a la puerta del portal se hecho cacao en los labios y se colocó el pelo. Noah salió del portal.
- ¿Qué? ¿Ya estas lista?
- Perdón. Pensaba ir a casa de Sarah y recoger unas cosas, pero he pensado en pasar un día contigo asique te he traído a mi casa porque quería coger algunas cosas.
- ¿Pasar el día conmigo?
- Si, ven.
Noah le agarró de la mano y le arrastró hasta el final de la calle.
- Aquí es.
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